sábado, enero 07, 2006

Trabajo

Y aqui, como prometi, una historía un poco tonta que acabo de escribir. Ni me gusta ni me disgusta, es cortita, pero porque no sabŽia que hacer con ella asi que he optado por uan vía rapida.
Quizas os guste quizas no, pero espero que un poco si la disfruteis.



Trabajo:


El viento removía sus cabellos, y el agua, empujada por unas ondas generadas a unos cuantos cientos de metros de distancia, les mojaba los tobillos.
- Hubiese sido un atardecer precioso si no hubiese estado el cielo nublado toda la tarde - Dijo ella pensativa, pues hacia apenas unos minutos que había parado la lluvia, las marcas de los pequeños millones de gotas que habían caído permanecían aun sobre la arena de la playa.
- Vaya, así que sigues molesta - respondió el.
A su lado nada sucedió, sus ojos seguían fijos en la impenetrable capa de nubes que cubría el cielo hasta el horizonte. El pelo mojado la caía sobre los hombros intentando cubrir sus pechos, acariciando su espalda sobre la ropa mojada y fría. Eran las primeras palabras que se cruzaban en varias horas, desde que llegaran a medio día, aun discutiendo por un motivo que posiblemente ambos olvidaron hace tiempo.
El se movió en su sitio y apoyó los brazos sobre sus rodillas y respiro profundamente, llenando sus pulmones con la fresca brisa del anochecer, y luego dirigió su mirada siguiendo la de su compañera, alzando la cabeza al cielo.
- Es una pena que tampoco vayamos a poder disfrutar de la compañía de las estrellas.
- Nadie les ha pedido que vengan. Me gusta más la oscuridad.
El volvió a suspirar, no iba a ser fácil.
- Dentro de poco estaremos rodeados por ella, quizás así seas feliz.
Ella giro su rostro hacia el y le miro con desprecio, después se levantó y comenzó a dirigirse hacia algún lugar incierto a lo largo de la playa.
El la ignoró y se tumbo sobre la arena dirigiendo sus ojos al cielo pero sin ver, su mente vago durante un rato, y, cuando dejo de oír las pisadas que se alejaban la oscuridad ya los tenía atrapados.
Se puso en pié, se quito la poca ropa que llevaba encima y corrió hacia la masa negra e informe que era el mar frente a el, salto, y se zambullo de lleno en el como antes hiciese en sus pensamientos.
Seguía caminando sin rumbo fijo, sin pensar, sin recordar, sin sentir, simplemente percibiendo el suave latido del viento sobre la arena húmeda, los graznidos de las gaviotas en la lejanía, el murmullo de las aguas a sus pies, el frió en su piel y las deformes figuras oscuras que su mente creaba en la falta de luz.
Ya nada tenía sentido.

El agua le rodeaba y jugaba con el, ayudándole a diluir sus dudas, a reafirmar sus opiniones y a relajarse. No supo cuanto rato había pasado en el agua, y cuando regreso, ella estaba tumbada en la arena, echa una bola.
Aun antes de alejarse del mar que le llamaba, pudo escuchar sus sollozos ¿O quizás los imaginó? Daba lo mismo, sabía perfectamente como eran, solo que, ahora, no los entendía.
Se sentó a su lado, fresco y descansado y paso su mano sobre el pelo de aquella negrura sollozante, acariciandola suavemente, intentando calmar su dolor, sus penas, sus miedos, aunque no supiese cuales eran.
El no sentía nada. No sabía nada. Y tampoco le importaba ya demasiado. Permaneció callado mucho rato, y por fin ella se calmó. Se miraron sin verse, se abrazaron y se besaron. Y se amaron. Y el seguía sin entender porque.
No dijo nada, y pasaron las horas, y la negrura dio nuevamente paso a una tenue luz, igual que la del día anterior, pues las nubes no se habían movido, y, si lo habían hecho no podía notarse la diferencia.
Ella dormía sobre su pecho y el seguía perdido en sus pensamientos, en los cuales no pensaba, vagaba brincando de uno a otro sin detenerse en ninguno.
Ella dormía plácidamente y el se apartó de su lado y la miro indiferente, casi, compasivamente.
Ya nada tenía sentido

Entonces se agacho, y la dio un suave beso en la mejilla, ella sonrió en sueños.
Y sus pasos se alejaban, acercándose al coche que esperaba pacientemente donde lo había dejado el día anterior. Volvió la vista y miró el paisaje gris que se disponía a abandonar. Ahora era parte de su vida. Ella seguía durmiendo, estremeciéndose con el viento. Abrió la puerta del coche, entro en el, y cinco minutos después ya estaba a mas de diez kilómetros de distancia, pensando en cuanto tiempo tardaría en subir la marea.
Y cuantos años había necesitado para terminar el trabajo.
Una lágrima fue absorbida por la tapicería del coche.

Y ya nada tenia sentido.