No es el cuento prometido, pero se me ocurrió anoche y acabo de escribirlo. No tiene titulo pero no lo necesita. Espero que os guste.
Creo que esta bastante claro a quien va dedicado n_n.
"… y también había flores, y muchos árboles, y los pájaros alegres componían preciosas melodías con sus cánticos que lo inundaban todo. Había también un río que llenaba y vaciaba al mismo tiempo un enorme lago en el que había peces de colores, ranas y tortugas.
Ella era chiquitita (o eso le decían siempre), pero no le importaba porque era muy feliz correteando por las praderas, perdiéndose entre los arbustos y jugando con las ardillas y otros animalitos. Tenía el pelo negro como el azabache y largo y muy muy liso, pues su mama le había enseñado a cuidárselo cuando era aun más pequeña que ahora; y unos ojos grandes y marrones que lo observaban todo con curiosidad e inocencia, y una faz redondita y pálida, con unas mejillas que se sonrojaban con el sol. Su piel era suave y blanca, y tenía algunas marcas, rastro de años de juegos y correteos.
Exploraba y exploraba su fantástico mundo y siempre había cosas nuevas y fascinantes y divertidas en el. Pero no podía estar siempre allí, a veces tenía que irse, y regresar a casa par estar con sus padres y con su hermano, o para ir al colegio o para muchas otras cosas que a ella no le interesaban, y entonces su mundo se oscurecía triste por la falta de su sonrisa.
… y también había coches, y muchos edificios, y personas ajetreadas que componían melodías de refunfuños que lo inundaban todo. Había también un lago oscuro encima de sus cabezas, que no se movía, en el que había mugre, bacterias y virus.
Ella era chiquitita, y ahora si le importaba serlo, porque no podía huir, regresar a sus praderas. No la gustaba estar allí, no era feliz, no podía corretear,, no había nada mágico que descubrir y todo le parecía peligroso, hasta un pequeño pajarito que un día se encontró malherido debajo de un banco, en uno de esos lugares que los grandes llaman “parque”, ella intento ayudarle, pero el solo intentaba atacarla, y la hizo sangre en un dedo. Su madre se enfado mucho, y la llevaron a un sitio para que la pincharan porque decían que estaba mala o algo así. No, no la gustaba, y siempre esperaba el momento de regresar a sus praderas y a sus bosques, con sus pajarillos alegres y sus ardillas y sus peces de colores.
Pero aquel lugar no era solamente suyo, a veces venían otras personas, y ellos no parecían felices. Tenían cosas metálicas y brillantes por todo el cuerpo, y llevaban espadas y arcos, y algunos, los más simpáticos, a veces también hacían magia. Una vez uno la enseño un truco muy guay por si aluna vez tenía que salir huyendo de un enjambre de murlocks… pero ella no sabía lo que era eso, así que tampoco le hizo mucho caso y simplemente se quedo maravillada mirando todas aquellas luces y colores. A veces venían solos, a veces eran grupos grandes y estaban todo el rato preguntándole cosas raras, como que donde estaba la cueva de noseque o si sabía como encontrar el cristal de nosedonde, y ella les decía que no sabía, pero que ella tenía un cristal y que no pensaba dárselo porque le gustaba mucho.
Por las noches, se tumbaba en una colinita, cerca del lago, y se quedaba mirando las estrellas, preguntándose que qué sería aquello, pues solo lo había visto en aquel lugar. Y, a veces también, se bañaba en el lago, y trataba de cortar con sus brazos el reflejo de la luna en el agua, pero aun, no lo había conseguido nunca.
Una noche, mientras recorría la luna con sus brazadas escucho una risita que venía de la orilla, había alguien allí sentado, pero con la tenue luz de la noche no conseguía distinguir aquella pequeña figura. Se acercó y pudo ver que la figura tenía el pelo rojo y ondulado, largo también y unas mejillas sonrosadas y con pecas, y una nariz chiquitia y rendodita y los ojos verdes y marrones. Llevaba un vestidito corto, negro con formas azules y sin mangas, dejando fuera sus blanquecinos hombros. Estaba sentada en el césped, riéndose y mirándola. Ella estaba algo confusa, pues nunca había conocido a alguien así, se vistió y se sentó a su lado. Y empezaron a hablar.
Ahora ya no era su lugar, era el lugar de ellas, que correteaban y jugaban día tras día, y no se cansaban nuca, y se reían y reían, y odiaban los edificios y los coches, y cada vez exploraban hasta más lejos y encontraban lugares mágicos y preciosos, y por las noches intentaban cortar la luna, pero ni las dos juntas podían. Siempre estaba impaciente por volver a su lugar cuando estaba en el colegio o con sus padres, y allí estaba siempre esperándola su amiga la pelirroja.
Y pasaban los días, y cada vez era más feliz, pero llego un momento, en que su pelirroja ya no estaba allí. La busco por todas partes y la esperó y esperó, pero ya no estaba allí.
Entonces lloró mucho, y no sabía porque, y la noche le parecía mas oscura, y los días menos mágicos, y los animales menos bonitos.
Entonces se fue, y decidió recorrer el mundo solitariamente, buscando alguna respuesta, buscando a su pelirroja.
Y pasaron los años…
Ahora era una de las más fuertes, y no había bicho alguno que se la resistiese, era conocida y siempre la buscaban para pedirla consejo o ayuda.
Seguía teniendo el pelo largo y negro, y los ojos grandes y marrones, pero ya no era chiquitita (o eso la decían) y fuera del mundo su vida no era tan divertida ni exitosa. En el instituto no lo pasaba bien y no estudiaba mucho, aunque ya estaba en el último curso, y cada vez odiaba más y más el tráfico y los edificios.
Su casa seguía siendo el mismo y pequeño piso cerca del centro, y en su habitación estaba su único refugio, donde poder ir a los lugares de ensueño que tanto adoraba.
No había regresado a su lago nunca, desde aquel día, tenía miedo y no sabía el porque.
Una noche lluviosa hizo acopio de valor y regreso allí. Todo estaba como siempre, sus praderas, sus bosques, su lago y su luna rota por miles de gotas de lluvia.
Y pudo ver una figura en la lejanía, y cerró los ojos y corrió hacia ella. Se abrazaron y lloraron, y se contaron todas sus historias, y nadaron en el lago.
Y a la hora de despedirse, su pelirroja la dijo algo que no entendió muy bien, pero aun así, la prometió que lo cumpliría.
El asiento del autobús era viejo y estaba roto, lleno de pintadas y con los muelles saltados, la señora que se encontraba a su lado no dejaba de hacer ruidos raros y ella estaba nerviosa. Menos mal que la siguiente parada era la suya, tras varios días de viaje. Se preguntó si sus padres y su hermano estarían preocupados, pero no le dio mucha importancia al tema, ya se las apañarían, como hacían siempre.
Tenía ante si enormes montañas, y un pequeño sendero que serpenteaba entre los árboles y las colinas, que comenzó a recorrer. Por el día la luz del sol brillaba y los pájaros trinaban, y por las noches el viento cortaba sus labios y enfriaba sus mejillas, y su mochila pesaba cada vez menos.
Y tras recorrer varios campos y pasar unas montañas, el paisaje empezó a hacerse familiar. El terreno se allanaba y había un bosque, y cuando se adentró en el tropezó con algo, era un cristal. Su cristal. Las lagrimas de alegría e incredulidad empezaban a escaparse de sus guaridas y continuó avanzando más y más rápido, hasta que la encontró esperándola sobre la colina cerca del lago, y se abrazaron, y nadaron y charlaron y corretearon y volvieron a nadar y a corretear entre los arbustos…
Finalmente llego la noche con su frío manto.
Y por fin pudo contemplar unas estrellas de verdad, y se quedó mirándolas, hechizada, mientras su pelirroja la miraba a ella.
Volvió la mirada para decirla algo, pero nunca pudo terminar su frase.
Sus labios se habían encontrado por vez primera.
Y ya jamás se separarían otra vez…"