Sinceridad
Sinceridad
Solo necesito un poco de silencio,
para terminar de concentrarme...
Cierro los ojos,
entreabro un poco los labios,
aprieto lentamente las manos y los dientes,
tenso todos los músculos
de mi cuerpo,
y paladeo este inabarcable placer,
me lleno de sentimientos,
me sonrío, sonrío por dentro,
me descojono a carcajadas,
y disfruto.
La frustración me llena,
me colma por dentro,
y la siento crecer,
y crecer.
Cegandome, apaciguandome,
encendiendo llamas negras,
que no deberían volver a encenderse.
El odio me empapa,
me rodea y abraza,
siento todo su poder rodeandome,
instigandome y cegandome,
insuflando nueva vida
a mis corroídas y antiguas fantasías.
La violencia se recupera de su letargo
y regresa con renovadas fuerzas,
cabalgando por mis venas,
haciendo brotar la adrenalina,
y acelerando mis jadeos.
Pero pronto llega la desilusión,
pues aun conservo
un mínimo de razón,
y con ello la frustración,
el odio, los deseos
de violencia
se multiplican y refuerzan
Y mi alma se retuerce en una bestial
batalla interna.
Y veo oscilar mi cordura de un hilo,
que ambos bandos tratan de cortar.
Ambos lo desean.
Yo lo deseo.
Deseo perder la razón,
olvidar el pasado, presente y futuro,
fundirme con la nada y recrearme hasta la muerte,
en mis ansias y deseos,
en mis instintos,
en mis sueños mas profundos, perversos y repugnantes.
Muerte, destrucción,
violaciones, pederastia,
justicia y honor en un mundo devastado,
por la locura de un solo hombre.
Ese es mi sueño,
que me consume cada noche.
Ese es el sueño que ahora me arrastra.
Pero que mi otro yo frena,
mi contrapartida,
la razón.
A la que amo igual que al odio,
la honradez, que la mimo tanto como la frustración,
y todo lo demás que se confunde,
en una sombra blanca.
Pero no son ellos,
claro que no,
quienes me frenan,
quienes vuelven a hilar y remendar una y otra y otra vez
mi cordura,
esa que tanto deseo y tanto desprecio.
Es el cariño,
el masoquista y obsesivo deseo,
que me corrompe hasta limites insospechados,
hacia esa persona.
Y por lo tanto el miedo.
El miedo me mantiene unido,
me mantiene cuerdo,
me impide ser como me gustaría ser,
pese a que ello conllevase la muerte.
El arma más poderosa,
en tierra de nadie,
todos lo odiamos,
todos.
Pero el nos mantiene vivos,
juega con todos y de divierte,
se ríe,
se descojona como yo antes.
Se burla de mi, y de todos.
Y nos da poder.
No le queremos,
deseamos que no existiese,
intentamos desatarnos pero sus lazos son irrompibles,
y no podemos dejar de odiarle,
y retro alimentarme una y otra vez en
esta espiral infinita que llevo dentro.
Y ya estoy acostumbrado,
vivo con ella dentro,
y se,
espero,
quiero,
deseo,
que algún día me retorceré tanto
hasta romperme,
despedazarme realmente,
y no quedara rastro alguno de todo lo que fui antes.
Me gusta pensar que solo quedara una mancha roja,
en algún suelo o en alguna pared.
Pero no será así,
me encerrare en mi mismo,
llorando lágrimas de ceniza,
completamente hueco.
Un cascaron vacío,
en alguna esquina de mi jardín
de soledad.
Y seré feliz,
por ignorancia,
por falta de preocupaciones,
por no ser yo y no recordarlo.
Y no echare de menos nada.
Pero ahora me gusta como soy,
disfruto sádicamente viendo como me retuerzo,
y puedo ver aparecer las grietas,
solo es cuestión de tiempo.
Tick...
Odio...
Tack...
Amor...
Tick...
Frustración...
Tack...
Raciocinio...
Tick...
Vida...
Tack...
Muerte...
Tick...
Miedo...
...
Solo necesito un poco de silencio,
para terminar de concentrarme...
Cierro los ojos,
entreabro un poco los labios,
aprieto lentamente las manos y los dientes,
tenso todos los músculos
de mi cuerpo,
y paladeo este inabarcable placer,
me lleno de sentimientos,
me sonrío, sonrío por dentro,
me descojono a carcajadas,
y disfruto.
La frustración me llena,
me colma por dentro,
y la siento crecer,
y crecer.
Cegandome, apaciguandome,
encendiendo llamas negras,
que no deberían volver a encenderse.
El odio me empapa,
me rodea y abraza,
siento todo su poder rodeandome,
instigandome y cegandome,
insuflando nueva vida
a mis corroídas y antiguas fantasías.
La violencia se recupera de su letargo
y regresa con renovadas fuerzas,
cabalgando por mis venas,
haciendo brotar la adrenalina,
y acelerando mis jadeos.
Pero pronto llega la desilusión,
pues aun conservo
un mínimo de razón,
y con ello la frustración,
el odio, los deseos
de violencia
se multiplican y refuerzan
Y mi alma se retuerce en una bestial
batalla interna.
Y veo oscilar mi cordura de un hilo,
que ambos bandos tratan de cortar.
Ambos lo desean.
Yo lo deseo.
Deseo perder la razón,
olvidar el pasado, presente y futuro,
fundirme con la nada y recrearme hasta la muerte,
en mis ansias y deseos,
en mis instintos,
en mis sueños mas profundos, perversos y repugnantes.
Muerte, destrucción,
violaciones, pederastia,
justicia y honor en un mundo devastado,
por la locura de un solo hombre.
Ese es mi sueño,
que me consume cada noche.
Ese es el sueño que ahora me arrastra.
Pero que mi otro yo frena,
mi contrapartida,
la razón.
A la que amo igual que al odio,
la honradez, que la mimo tanto como la frustración,
y todo lo demás que se confunde,
en una sombra blanca.
Pero no son ellos,
claro que no,
quienes me frenan,
quienes vuelven a hilar y remendar una y otra y otra vez
mi cordura,
esa que tanto deseo y tanto desprecio.
Es el cariño,
el masoquista y obsesivo deseo,
que me corrompe hasta limites insospechados,
hacia esa persona.
Y por lo tanto el miedo.
El miedo me mantiene unido,
me mantiene cuerdo,
me impide ser como me gustaría ser,
pese a que ello conllevase la muerte.
El arma más poderosa,
en tierra de nadie,
todos lo odiamos,
todos.
Pero el nos mantiene vivos,
juega con todos y de divierte,
se ríe,
se descojona como yo antes.
Se burla de mi, y de todos.
Y nos da poder.
No le queremos,
deseamos que no existiese,
intentamos desatarnos pero sus lazos son irrompibles,
y no podemos dejar de odiarle,
y retro alimentarme una y otra vez en
esta espiral infinita que llevo dentro.
Y ya estoy acostumbrado,
vivo con ella dentro,
y se,
espero,
quiero,
deseo,
que algún día me retorceré tanto
hasta romperme,
despedazarme realmente,
y no quedara rastro alguno de todo lo que fui antes.
Me gusta pensar que solo quedara una mancha roja,
en algún suelo o en alguna pared.
Pero no será así,
me encerrare en mi mismo,
llorando lágrimas de ceniza,
completamente hueco.
Un cascaron vacío,
en alguna esquina de mi jardín
de soledad.
Y seré feliz,
por ignorancia,
por falta de preocupaciones,
por no ser yo y no recordarlo.
Y no echare de menos nada.
Pero ahora me gusta como soy,
disfruto sádicamente viendo como me retuerzo,
y puedo ver aparecer las grietas,
solo es cuestión de tiempo.
Tick...
Odio...
Tack...
Amor...
Tick...
Frustración...
Tack...
Raciocinio...
Tick...
Vida...
Tack...
Muerte...
Tick...
Miedo...
...

